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Por Pavel Nicola Morales Bustamante
En el ensayo sobre el Malestar en la Cultura , Freud se aproxima a la pregunta por la felicidad. Aquí la felicidad tiene que ver con una economía que subyace al hombre: El principio del placer y la condición del Yo primitivo. Ósea que, la pregunta por la felicidad, e inclusive por la realidad, recae directamente en la estructura del aparato psíquico humano.
Todos los hombres aspiran a ser felices, y no quieren dejar de serlos. Pero encontramos que en Freud dicha aspiración puede tener dos fases. Una positiva y otra negativa. Por un lado la fase negativa que seria mediante la evitación del displacer y el sufrimiento. Mientras que por otro lado, la positiva apunta directamente a la realización del placer, a experimentar constantemente fuerte sensaciones placenteras. Freud señala que solo es esta última la que estrictamente puede llamarse felicidad.
Para la felicidad quien fija el objeto vital es el principio del placer. Pero sucede, como lo desarrollamos en el punto anterior, que el programa del principio del placer no es realmente realizable, porque siempre esta en guerra con el mundo entero, o también como lo dice Freud, al principio del placer se le opone el orden del universo. Sin embargo, el que el programa del principio del placer sea irrealizable, no significa que el individuo deba dejar la búsqueda del placer, y por tanto la felicidad, sino que dicha búsqueda cubrirá otros caminos.
De esta manera, en sentido estricto a lo que se le llama Felicidad, tiene que ver con una instantaneidad de las necesidades acumuladas que alcanzaron tensión. La felicidad seria algo así como el desenlace de un placer que ha dado rodeo entorno a la estación del displacer; o dicho de otra manera: la felicidad seria el desenlace de un displacer acumulado. Lo que sucede aquí es que nuestras facultades de felicidad deben seguir las reglas que rigen el aparato psíquico. El individuo se constituye ya con una felicidad limitada.
Por otra parte, mientras la felicidad es discontinua y pareciese durar solo un instante, un destello fugaz dentro de nuestras vidas; el sufrimiento y la tristeza pareciesen ser continuas e incesantes. Freud señala tres fuentes del sufrimiento:
1) El Cuerpo: El cuerpo es el lugar de la aniquilación y la decadencia, este quiere morir aunque nosotros no queramos. El cuerpo es la expresión de que la vida nace abrazada a la muerte.
2) El Mundo Exterior: Freud las señala como las desagracias y accidentes que nos castigan violentamente, sin que nosotros tengamos mucho que ver (Por ejemplo el Terremoto en Chile). Debemos entender esto como las fuerzas del mundo exterior que están más allá de la voluntad del individuo.
3) Relaciones con otros seres humanos: Este último aspecto apunta al Otro, como aquel en el cual mi libido se ha puesto en inversión, lo que hace que siempre estemos sufriendo, ya que no sabemos lo que el otro pueda hacer con este afecto.
Estos tres puntos anteriormente señalados nos dicen bastante con respecto a la relación de Felicidad y Sufrimiento en la relación con el mundo. Llevado al plano social podemos decir que siempre que el individuo participa en sociedad, y por ende de una cultura, serán precisamente los patrones culturales los que establecerán los modos que tenga la felicidad de realizarse, en donde la persona deberá sopesar lo perjudicial que resulte para sí la realización del placer y al mismo tiempo el placer mismo. Aquí, es la conciencia moral la que predispone la subjetividad como un constante malestar.
Pero si como señalamos anteriormente, la felicidad párese ser solo destellos que se desvanecen en un instante a lo largo de nuestras vidas, entonces en contraposición es el sufrimiento y el malestar lo que se presenta constantemente. De esta manera podemos decir que el Malestar es una falla estructural, una falla constitutiva de la economía del placer. Una estructura fallida con la cual el Yo debe relacionarse.
En esta tensión es el malestar consiguiente de la subjetividad y el principio del placer, lo que establecerá la manera en que se desarrolle la búsqueda de la felicidad. Podríamos llegar a decir inclusive que como el malestar es condición de la subjetividad, la felicidad en sentido estricto se presenta como una amenaza para el orden social.
Por Pavel Nicola Morales Bustamante
Es incuestionable que uno de los grandes giros que realizó Sigmund Freud fue pensar al ser humano como algo más complejo que la mera racionalidad. Aquí la idea de hombre que se arrastraba desde la ilustración se ve fuertemente cuestionada. La introducción del inconsciente al aparato psíquico significó pensar al ser humano desde una irracionalidad constituyente. Una irracionalidad con la cual el ser humano debe lidiar. En estos dos textos –“Más allá del principio del placer” y “El malestar en la cultura”- Freud esta pensando en esta tensión, y de que manera opera no solo en el aparato psíquico, sino que además, en nuestra relación con el mundo; vale decir, en la vida cotidiana.
Esta tensión, del aparato psíquico, y del hombre con el mundo, se encuentra en lo que Freud denomina el Principio del Placer. Como bien lo sugiere su nombre, este principio consiste en la búsqueda del placer. Además, decir que esto es un principio, nos dice que es algo que tiene su propia lógica y su propia economía. Debemos entender el principio del placer, no como una cualidad del hombre, sino que como algo que lo trasciende, algo que esta antes del Yo, con lo cual precisamente este deberá lidiar.
El principio del placer busca siempre su auto complacencia, o también, su auto realización. Sin embargo el placer tiene que vérselas con algo que lo impide y lo tensiona, pero que a su vez, incrementa la intensidad de su realización. Ósea que hay algo que obstruye el placer, al mismo tiempo que lo intensifica. Este elemento ocupa el lugar del Displacer. El placer y el displacer son parte de la misma lógica; o también, el displacer es constitutivo del placer. Para que haya placer, es necesario que exista displacer.
Entonces el principio del placer dentro del aparato psíquico cumple la función de disminuir la tensión que impide su realización, vale decir, tiene que vérselas con la tensión constituyente del displacer. Ósea que, el principio del placer no se realiza de manera simple y constante, sino que opera dentro de una economía que esta predispuesta a evitarlo.
Parece evidente que el ser humano no puede llegar al mundo y realizar todos sus deseos, hay algo que nos impide esta actitud para con el mundo. Esto no debería ser tan evidente para todos los seres humanos, ya que en los infantes –En donde el Yo esta en proceso de conformación- existe estado de comunión con el mundo, en donde no logran diferenciar el mundo exterior con el Yo, o bien consigo mismos. El infante solo busca la realización del placer. Esta separación comienza a formarse en la medida en que el mundo comienza a oponerse, así el lactante va aprendiendo gradualmente de ciertos estímulos. Para freud al lactante empieza a oponérsele el objeto, precisamente cuando el placer se le es sustraído; esta es la primera señal práctica de la existencia del objeto. Aquí, el objeto es una exteriorización. El objeto seria el límite del yo placiente; o también, el yo placiente comienza a entender que el objeto le esta poniendo límites. De esta manera, no solo se esta conformando el objeto, sino que también el yo. Es en la etapa adulta cuando el Yo se separa del mundo exterior, aunque mejor dicho: en un principio el yo lo incluye todo y solo luego, desprende de sí un mundo exterior, lo exterioriza.
Es en la etapa adulta, cuando el Yo ha internalizado parte del mundo exterior (Esta es la imagen del Ello) en que el principio del placer tendrá que vérselas con otro principio: El principio de realidad. Lo que aquí se presenta, es la renuncia a la realización inmediata del placer a favor a algo externo, de la realidad. El individuo debe tomar en cuenta la realidad, ya que de lo contrario, si estuviese en un estado de comunión con el mundo como en el lactante, el mismo se podría ver perjudicado. Sin embargo, esto no quiere decir que el principio de realidad venga a suprimir el principio del placer, sino que este último deberá lidiar con el primero para su realización.
Ahora bien, hay que señalar que el principio del placer no se realiza así nada más. En el aparato psíquico hay pulsiones que funcionan como energías del Principio del placer. Estas son las pulsiones sexuales, que bajo el instinto de Eros, son las que cumplen la función de conservar la vida. Aunque también estas pulsiones necesariamente poseen su contrapuesto.
Aquí el principio de realidad opera como protección de las amenazas de ese mundo exterior (la realidad), como también de estas amenazas internas que funcionan como motor del principio del placer (Las pulsiones). El Yo ubicado en medio de estos dos mundos (Externos e internos) es todavía impulsado por la economía constitutiva del principio del placer. Por un lado, el principio del placer lo impulsa a la vida, vale decir, a buscar la realización del placer. Mientras que por otro lado, el Principio de realidad pone las barreras que obligan al individuo a buscar otros caminos de realización del placer.
De esta manera podemos entender el inconsciente como aquella parte del sistema psíquico el cual alberga y del cual provienen los instintos hacia la conciencia, y de esta manera, hacia su realización, o bien, su posible represión.
En una consideración más general, el principio del placer puede ser abordado de una manera más allá de la personalidad, en las relaciones sociales y el mundo. En la Cultura, el principio del placer adquiere la imagen de la conciencia moral, la cual es la que rige las acciones de las personas. Entonces tenemos que mientras el Yo genera una batalla con sus instintos internos, al mismo tiempo internalizar ciertos patrones culturales de la sociedad de la cual el individuo forma parte.
De esta manera, pensando el principio del placer en un aspecto más general, y en el mismo sentido en que planteábamos a este como una economía que trasciende al Yo, pareciese ser que el malestar en la cultura es constitutivo de todos los individuos que forman parte de la sociedad.
Grupo de Trabajo:
Ariel Gonzáles
Pavel Morales
Victor Sanchez
Para introducirnos a la definición de lo ominoso debemos tener en claro de qué es lo que el psicoanalisis esta hablando, y para ello basta con remitirse al principio del texto de “Lo Siniestro”; La tarea que pretende afrontar Freud apunta a un problema estético, pero aquí no entendiendo lo estético como lo bello, sino que como una expresión de la sensibilidad. Es aquí donde se inscribe el concepto de lo Unheimlich, o lo siniestro.
En el apartado numero 1 Freud realiza una serie de comparaciones del significado de lo Siniestro en diferentes lenguas, con la intención de discutir con la propuesta teórica de Jentsh acerca de lo siniestro. En términos generales lo que vendría a plantear Jentsh, es que lo siniestro tendría como condición necesaria la presencia de lo novedoso, lo siniestro como algo insólito; es decir, lo que hace Jentsh es colocar lo siniestro como algo externo, algo desconocido, infamiliar. Es precisamente de esta idea de la que Freud intenta apartarse.
Después de un largo recorrido en el cual analiza el concepto de lo siniestro en distintos idiomas llega a la conclusión de que en el uso del termino Heimlich podría efectuarse de dos maneras. Esto debido a que el termino pertenecería a dos conjuntos distintos de representaciones pero no antagónicas. Por un lado el concepto se utilizaría para referirse a lo familiar, confortable, y por otro a lo oculto y lo disimulado. Según esto, el termino Unheimlich seria a la vez distinto pero similar al de Heimlich, siendo su antónimo en lo que se refiere al primer conjunto de representaciones, a la vez que coincide con el en lo referente a lo oculto.
Ahora bien, a la vez que Freud intenta superar teóricamente el planteamiento de Jentsh, complementa su hipótesis con la idea de Schelling, la cual advierte que el concepto de Unheimlich tiene por característica la presentación de lo impresentable, es decir, aquello que se pensaba como oculto se manifiesta.
La definición que establece Freud, luego de problematizar el concepto de lo Unheimlich, o lo siniestro es: “Lo siniestro en las vivencias se da cuando complejos infantiles reprimidos son reanimados por una impresión exterior, o cuando convicciones primitivas superadas parecen hallar una nueva confirmación” . En esta definición se alberga la idea de Repetición, como el retorno involuntario a un mismo lugar; la repetición, como lo latente, como condición de lo siniestro. Si lo pensamos detenidamente, esta idea de la repetición tiene directa relación con la definición de lo siniestro que enunciamos más arriba, en el sentido de que lo Unheimlich, lo siniestro, es lo reprimido de lo Heimlich, lo familiar.
El primer gran ejemplo que utiliza Freud para reflexionar en torno a lo siniestro, es el cuento del arenero. La amenaza escuchada por el niño de la posibilidad de perder los ojos, que le arrancaría el arenero si no iba a dormir, la escena en la que cree ver a ese siniestro personaje con su padre. Luego, la casi realización de la amenaza que le sume en la enfermedad, seguida de la extraña muerte del padre, dejan en el niño una fijación cuyo recuerdo, a pesar de llegar a ser un joven feliz, no logra alejar de su ánimo. Recuerdo que aparecerá siempre ante algo relacionado con los ojos y el mirar, como ante la mujer de la que se enamora, Olimpia, de la que acaba descubriendo que se trata de una muñeca; o ante la presencia del siniestro personaje bajo distintas modalidades, el joven Nataniel será poseído por una demencia que le llevará a dos intentos de asesinato, el primero del que cree padre de la muñeca y el segundo, de su novia de siempre.
El cuento finaliza con el protagonista tirándose desde la torre desde donde ve por última vez al siniestro personaje, acabando así con sus ojos y su vida.
Lo que debemos recalcar en el cuento es que Nataniel en su infancia construye una imagen real del arenero en la figura del abogado Coppelius, en donde se refleja el complejo de castración relacionado con el miedo a la perdida de los ojos, y que más tarde, en su juventud, reanimaría aquella realidad psíquica reprimida.
Otro ejemplo, menos desarrollado, pero no por ello menos importante, es el que refleja la idea de repetición, en donde lo siniestro se manifestaría cuando un numero especifico se reiteraría muchas veces y en distintas situaciones a lo largo del día. (En el caso del texto es el numero 62)
Finalmente, cabe destacar el énfasis que pone Freud al momento de ejemplificar, respecto a lo siniestro, no como una cualidad externa al individuo, propia de tal o cual objeto. Lo siniestro, o al menos su aspecto esencial, se encuentra en los individuos, en la manera en que los objetos reviven ciertas experiencias traumáticas por las que estos han pasado.
La relación que se puede establecer entre Freud y Heidegger es precisamente desde el concepto de lo (Un)heimlich:
Heidegger en el paragrafo 40 del texto “Ser y Tiempo” parte realizando una diferencia entre el miedo y la angustia. Para el autor el miedo siempre tiene un ante-qué, un ente del intramundo. Es posible señalar de qué tengo miedo, y por ende hay un extrañamiento de este algo del mundo. Por otro lado, la angustia seria la que presentaría la posibilidad del miedo, “El darse la espalda propio de la caída se funda más bien en la angustia, y ésta, a su vez, hace posible el miedo” . Y esto debido a que la angustia para Heidegger seria constituyente del ser. O dicho de otra manera, la angustia seria una característica ontológica del ser. Pero entonces ¿De qué se angustia la angustia? De nada realmente, la angustia no tiene un ante-qué, en la angustia todo a perdido su significado y seria un estar en el mundo en tanto tal. Entonces la amenaza en la angustia no estaría en “ninguna” parte, o en realidad, la angustia seria estar-en-el-mundo-mismo. Heidegger plantea esta idea de la angustia como un darse la espalda del Dasein, como una huida que permitira la apertura al mundo en su sentido más originario. Es precisamente aquí donde debemos establecer la relación con lo (UN)heimlich:
Por un lado este estar-en-el-mundo en tanto tal nos resulta lo mas infamiliar de todo, ya que como plantea el mismo Heidegger, es una situación muy difícil de que ocurra, pero al mismo tiempo es lo más originario, y por ende, familiar del Ser. Mientras que el estar en el mundo de las ocupaciones seria lo más familiar para nosotros, sin embargo en el sentido ontológico seria lo más infamiliar al ser mismo. El reino de la ocupación (TODO) es la forma en que el ser se da la espalda a sí mismo; lo que en la angustia cae es la ocupación; En la angustia el ser no le queda nada mas que ser. Entonces en la angustia se vería reflejada la idea de lo siniestro como la irrupción de lo infamiliar en lo familiar, o viceversa, la irrupción de lo familiar en lo infamiliar. Lo (Un)Heimlich pensado no en un sentido unívoco, sino que en un doble sentido.

- Lo Inconsciente (Grupo de Trabajo)
- Inconsciente y Tiempo (Grupo de Trabajo)
- Síntoma/Inconsciente (Desde el Caso Dora) (Grupo de Trabajo)
- La Transferencia (Pavel Morales)
- Lo Siniestro y lo UNheimlich (Grupo de Trabajo)
- Principio del Placer y lo Inconsciente (Pavel Morales)
- Malestar en la Cultura: Felicidad y Sufrimiento (Pavel Morales)
Por Pavel Nicola Morales Bustamante
Es preciso partir señalando que el concepto de Transferencia fue construido para la terapia psicoanalista, pero no por ello debemos encerrarlo. En base a las ideas discutidas en clases en torno a la transferencia, y los textos correspondientes, podemos decir que se trata de un problema pensado en la relación con un otro [1]; El vinculo con un otro y la capacidad de restitución. Esto implica un juego donde tanto el analista como el analizado están inmersos, y la gracia de todo esto se encuentra en que la transferencia facilitaría al conocimiento -por así decirlo- esto que se le sustrae al YO, sustraído por el eje-temporalizador (El impulso sexual infantil); es decir, lo que esta en juego es la aproximación.
Se hace necesario precisar en este punto que lo que se reprime no es el objeto deseado, sino qué más bien el sentimiento que hay de por medio. La transferencia, entonces, no estaría orientada hacia un objeto en si, sino que mas bien hacia las representación que viene del objeto. Aquel sentimiento reprimido se puede actualizar constantemente, y en diferentes objetos, y el psicoanalista presenta la actualización fundamental para la búsqueda de la cura[2], ya que en esta transferencia se trata de entablar una relación tal con el paciente que sea posible sacar a flote el deseo sexual infantil reprimido. Profundizando más al respecto, de lo que se trata es de entablar una relación con eje-temporalizador, desempolvar esos elementos arcaicos que se hayan ocultos en las sombras del inconsciente. Lo arcaico como la escena originaria de lo que ha sido reprimido, y la representación como la posibilidad de acceder a aquel sentimiento.
En el fondo la idea de representación entra en juego en toda la transferencia en si misma. Representar significa volver presente lo ausente, en este sentido, para el paciente lo ausente es aquello que se le ha sustraído al YO; la representación tanto por parte del psicoanalista en el relato del analizado, o la representación que realiza el analizado hacia con el analista como actualización, etc. Como habíamos planteado en un comienzo la transferencia es para las dos partes.
En la transferencia hay algo así como dos ejes, los cuales entran en juego en la terapia psicoanalista; Una cierta tendencia a la sugestión y la resistencia. Por un lado la sugestión consiste en la capacidad de transformar las constelaciones que transformamos a través de la palabra, que la palabra actué sobre el otro. El psicoanalista se vale de la palabra para eludir la represión, para llevar al paciente a representar lo reprimido. Mientras que por otro, el paciente levanta resistencia hacia la labor psicoanalista, y esto consistiría en la negación por parte del YO a entrar en la verdad que el mismo esta temporalizando.
En el texto de “La Dinámica de la Transferencia ” Freud plantea dos formas que tiene la resistencia de presentarse; La transferencia Positiva y Negativa. Por un lado la transferencia positiva consistiría en una relación cariños para con el analista, mientras que la negativa consistiría en una negación de éste, des-validando la terapia en sí, mostrando un claro desinterés (lo que Freud llamaría el muro narcisista); Lo que en el fondo se trata es de dos formas de eludir que la terapia, o la conversación, se encamine hacia aquello que se encuentra reprimido.
En la Gradiva de Jensen se puede identificar la transferencia que realiza Harnold al momento de reprimir el deseo sexual infantil en su relación con Zoe[3] (sentimiento reprimido), lo que le lleva a mostrar desinterés por las mujeres y las relaciones entre parejas en general[4] y trasladarlo hacia la arqueología (actualización), aquella ciencia que le arrebata todo su interés. O bien por otra parte, la transferencia realizada por Zoe de su deseo sexual infantil, donde lo transfiere hacia Harnold (actualización) quien estaba a su lado remplazando a su la imagen de su padre quien no mostraba interés alguno por ella (sentimiento reprimido).
Se puede establecer una metáfora en la cual la Transferencia en la labor psicoanalista consistiría en una guerra, en donde por un lado se encuentra el bando del Analista y el Yo, y por otro el bando del Ello y el Súper-Yo.[5] Lo que esta en juego son los sentimientos reprimidos, y estos podrán salir a flote solo si el bando del Analista y el Yo logran persuadir las resistencia del bando enemigo. Tenemos así que la Transferencia trasiende toda la labor psicoanalítica. “Esta lucha entre el médico y el paciente, entre el intelecto y el instinto, entre el conocimiento y la acción, se desarrolla casi por entero en el terreno de los fenómenos de la transferencia” [6].
Por tanto, que Freud plante la Transferencia , por un lado, como la instancia que permitiría la cura, y por otro, la instancia misma que levantan los más duros obstáculos, que levanta las resistencias, es condición fundamental de la labor del analista. Esto recalca la importancia del concepto en el psicoanálisis, pero no solo eso, sino que también nos habla de lo complejo que resultan las relaciones intersubjetivas, ya que como señalamos en un comienzo, no hay motivo alguno para encerrar la idea de transferencia solo a la labor psicoanalítica.
[1] No pensando al otro como una identidad, sino que más bien pensarlo como un No-Yo.
[2] Aunque me parece complejo hablar de cura en estricto rigor, ya que como discutíamos en clases la labor psicoanalista no tendría realmente un fin.
[3] Que Freud deduce deviene de un posible romance con Zoe, su amiga de la infancia y vecina.
[4] Por ejemplo en su viaje a Italia y su relación con August y Grete.
[5] Freud habla de estas alianzas en el texto Esquemas del psicoanálisis. La Alianza del Yo con el analista, en el sentido de que el Yo le confía al analista lucha que por si solo mantenía con el inconsciente.
[6] Sigmund Freud. “La dinámica de la transferencia 1912” . ver en: http://www.elortiba.org/freud7.html
Grupo de Trabajo:
Jennifer Manríquez
Pavel Morales
Ariel Gonzáles
Jennifer Manríquez
Pavel Morales
Ariel Gonzáles
Síntomas histéricos como actualizaciones de una memoria inconsciente (Desde el Caso Dora)
Los síntomas histéricos pueden ser leídos como actualizaciones de una memoria inconsciente en el sentido que era desde el sistema inconsciente donde emanaban las energías que producían los síntomas de enfermedades que presentaba Dora. Recordemos el ejemplo de la cojera que Freud la relacionaba con un hecho de la infancia de dora, cuando se lastimo una pierna, o la afonía y la tos que la relacionaba con una supuesta excitación sexual para con el padre. En este sentido podemos ver como contenidos desde la inconsciencia eran actualizaciones en el presente obteniendo como resultados síntomas de enfermedades.
Claramente que la relación que se establece entre lo inconsciente y el síntoma es muy compleja, y es la labor psicoanalítica la que logra desentrañar sus significados, (claramente que no sin ciertos obstáculos). Señalamos esto debido a que Freud señala antes de comenzar con el caso clínico de Dora que los elementos que se ocupan en el aparato psíquico puede tener diferentes características: que el paciente silencie conscientemente ciertas partes del relato; o bien una parte de los conocimientos anamnésicos del paciente, los cuales puede acceder en otro momento pero escapa a su dominio durante el relato; o amnesias verdaderas, lagunas anémicas, en la que se hunden tantos recuerdos antiguos como recientes. Recordemos cuando Dora en su pasado había leído un libro de anatomía e intruseado en cono nacen los bebes, aquí Freud establece una relación donde luego de 9 meses del suceso en el lago con el Señor K, Dora sufre una enfermedad. A lo que quiero hacer mención con esto es a que la relación Síntoma/Inconsciente se desarrolla de manera compleja debido a la misma complejidad del aparato psíquico.
Por otra parte, nos parece sumamente importante hacer notar la no-temporalidad de lo inconsciente y su manera de operar a través del síntoma. Nos parece interesante remarcar esto por la crítica que es posible encontrar en Freud a la idea de progreso (presente-pasado-futuro), en que lo inconsciente se hace presente en el presente con contenidos del pasado oculto o reprimido, de cómo el pasado se vuelve hacia el presente, no como pasado, sino como presente en forma de síntoma.
Grupo de Trabajo:
Jennifer Manríquez
Pavel Morales
Ariel Gonzáles
Jennifer Manríquez
Pavel Morales
Ariel Gonzáles
Inconsciente y Tiempo
Lo inconsciente, como señalamos anteriormente, no obedece a un eje Espacio/Temporal, no obedece a las reglas de la lógica, ni la racionalidad. Lo inconsciente es un No-Tiempo. Lo inconsciente obedece a sus propias reglas, lo que lo hace difícil de comprender bajo la lógica de la consciencia.
La consciencia por el contrario, si obedece a un eje Espacio/Temporal, a través del cual el hombre convive con dos verdades, una es la verdad vivida (material), y por otro lado una verdad elaborada con los restos que encontramos de nuestra experiencia, juntamos los retazos de lo vivido, creando una realidad a medias en la que se nos configura la perdida, es una experiencia reprimida en las elaboraciones que podemos hacer de ella, la historia. La historia para Freud es un relato tardío, un relato de huellas, una verdad falsa, una historia falsa.
Cada proceso implica una pérdida, cuando temporalizamos perdemos y ganamos a la vez, perdemos cuando construimos la historia dejando atrás aquello que las palabras no pueden graficar de la verdad material, dejándolas en medio del camino, pero ganamos al poder construir una nueva historia, pero esto no lo podemos hacer solos, sino con otro, mediante las relaciones constituidas damos verosimilitud a nuestro relato, la temporalidad, es la relación al otro. La experiencia se difumina cuando vemos al lenguaje como medio de comunicación, pero se destruye cuando nos comunicamos por el lenguaje.
Podemos identificar la relación entre inconsciente y tiempo, como el acto de retrotraerse, es decir, un mirar hacia el pasado que cambiará según las experiencias concebidas desde lo consciente.
Grupo de Trabajo:
Jennifer Manríquez
Pavel Morales
Ariel Gonzáles
Jennifer Manríquez
Pavel Morales
Ariel Gonzáles
Definición Freudiana del inconsciente
Dar una definición concreta y certera de lo que es lo inconsciente nos parece inviable si nos apegamos fielmente a lo que hemos desarrollado en cátedra, y en los textos de Freud que hemos podido revisar. Inclusive el propio Freud señala que no es posible un pensamiento de la totalidad, que nunca se llega a una verdad absoluta; hay imágenes con las cuales se trabaja, pero no hay una idea teleológica como final. Proseguiremos entonces, en vez de dar una definición certera, a hablar de lo inconsciente según sus características y procesos.
Diremos entonces que lo inconsciente es la dimensión de lo psíquico; es importante este punto ya que establece una diferencia con la psicología, al establecer el psicoanálisis una dimensión mucho más profunda y relativa -Lo inconsciente- y no intentar estructurar el comportamiento humano a partir de la anatomía o la fisiología, o solo por sus impulsos. El inconsciente se revela en lapsus, sueños, actos fallidos y en síntomas somáticos. El inconsciente freudiano es un sistema tópico y dinámico, que se rige por sus propias leyes, el cual no atiende a la temporalidad, ni a la realidad; Lo inconsciente es lo discontinuo, un No-Tiempo, es aquella verdad que se le substrae a la conciencia.
Lo inconsciente también es llamado Ello, la más antigua de las instancias psíquicas. Señala Freud que “su contenido es todo lo heredado, lo congénitamente dado, lo constitucionalmente establecido; es decir, ante todo, los instintos surgidos de la organización somática, que hallan aquí una primera expresión psíquica cuyas formas ignoramos”[1]
El contenido de lo inconsciente son los “representantes psíquicos” de las pulsiones, las cuales buscan abrirse paso hacia la conciencia, en lo que se denomina el retorno de lo reprimido. Lo que impide que las representaciones psíquicas se vuelvan a la consciencia es el proceso de la represión: “… la represión no consiste en suprimir o destruir una idea que representa al instinto, sino en impedirle hacerse consciente.”[2]
Para apoyar la existencia de un estado psíquico inconsciente Freud señala que la consciencia en un mismo momento puede sostener una cantidad de contenido muy limitado. Basta con fijarse en lo que uno esta pensando en un mismo momento y nos daremos cuenta que no podemos estar pensando todo lo que sabemos, o recordando todo lo que hemos vivido, sino que nuestra consciencia saca a flote un muy limitado contenido. Por ejemplo, en este mismo momento podemos estar sacando a la consciencia información sobre Freud (esto si es que realmente se esta poniendo atención a este texto), mientras que no estamos pensando en lo que desayune hoy, o la película que vimos hace cuatro años, o lo que hice ayer, etc. Todo aquello que no se encuentra en la consciencia en un momento, se encuentra en un estado de latencia, u en un estado inconciente. Entonces, vemos así que lo inconsciente no se reduce solo a aquello que hemos reprimido, sino que también todos aquellos elementos que no se encuentran conscientes.

