• Fenomen. del Espíritu

    Revisión página por página del libro de la Fenomenología del espíritu con el profesor Carlos Pérez Soto 2015...

  • Nueva Antipsiquiatría

    Seminario y Presentación del libro "Una nueva Antipsiquiatría" Carlos Pérez Soto. Descargar Audios.

  • La Educación Prohibida

    Documental "La Educación Prohibida", entra para ver Online por Youtube o Descargar desde Mediafire.

  • Filosofía Aquí y Ahora

    Filosofía Aquí y Ahora, serie conducida por José Pablo Feinmann ,Todas las temporadas por Mediafire.

  • Mentira La Verdad II

    Mentira La Verdad, serie de Filosofía conducida por Darío Sztainszrajber, Subida por Mediafire.

  • Congreso Hegel 2012

    Congreso Internacional Hegel 2012: Ver Online Mesa 6 del día Jueves 13 de Septiembre: Carlos Pérez y Juan Ormeño.

  • Idea Lucha de Clases

    Curso "La idea de Lucha de Clases en el Marxismo" con Carlos Pérez Soto. Ver Vídeos de las Clases Online.

  • Segunda Temporada

    Segunda temporada de Grandes pensadores del siglo XX, serie de entrevistas a reconocidos pensadores. Por Mediafire.

  • Historia del Marxismo

    cátedra impartida por Carlos Pérez Soto durante el año 2010 en la Universidad Arcis de la Sede Libertad

  • Introducción a Hegel

    Grabaciones de las clases de "introducción al pensamiento de Hegel", con el profesor Carlos Pérez Soto...

  • Mentira La Verdad

    Mentira La Verdad, serie de Filosofía conducida por Darío Sztainszrajber, Subida por Mediafire.

  • Primera Temporada

    Grandes pensadores del siglo XX, serie de entrevistas a reconocidos pensadores del Siglo pasado. Por Mediafire.

  • Fenomen. del Espíritu

    Revisión y discusión página por página del libro de la Fenomenología del espíritu con el profesor Carlos Pérez Soto...

  • Foro Ley Hinzpeter

    Foro contra le ley Hinzpeter realizado el día 30 de Mayo del 2012 en el marco de la "semana de agitación"...

  • Zeitgeist III

    Zeitgesit III Moving Forward es la tercera entrega de esta espectacular saga de Documentales...

  • Sobre la Violencia

    Foro-Debate: ¿Respuestas violentas a un Sistema violento?: La acción del Estado y la resistencia callejera

  • Grito por la Educación

    Video documental en torno al movimiento estudiantil 2011. Trabajo realizado por estudiantes españoles en Chile

  • Política Hoy (U.Arcis)

    El día Miercoles 25 de Mayo se realizó una mesa de debate: ¿Qué significa hacer política en el Chile actual?...

  • Filosofía Hoy (U.Arcis)

    El día Martes 26 de abril se realizó una mesa de debate titulada "Filosofía Hoy". M.Vicuña, C.Pérez Soto....

  • SPSS 1.7 en Español

    SPSS Statistics, paquete estadístico y de administración de datos para los analistas e investigadores.

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DATOS DEL LIBRO:

La Fenomenología del espíritu (Phänomenologie des Geistes en alemán) es una de las obras más importantes del filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Publicada en 1807, en ella se discuten problemáticas filosóficas anteriores al materialismo alemán, como son el ideal del absoluto, el espíritu humano como amor a la sabiduría en lo práctico, entre otros.

DATOS DEL CURSO:

Esta cátedra fue impartida por Carlos Pérez Soto, profesor de estado en Física, en el año 2015 con un grupo de lectura. El curso consiste en la revisión y discusión página por página del libro de la Fenomenología del espíritu. Deben tener en cuenta que este curso considera 7 año de lecturas y estas grabaciones abarcan solo las últimas partes del libro. Pueden encontrar una parte de este curso en el siguiente ENLACE. Como siempre les comento, si tengo la suerte de conseguir más grabaciones tengan por seguro que las estaré subiendo a Sicario Infernal, y si alguno de ustedes cuenta con más material relacionado bienvenido sea.

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La FENOMENOLOGÍA DEL ESPÍRITU es la primera gran obra de Hegel, la más fascinante para generaciones enteras de lectores y la más extraña dentro del corpus hegeliano. Producto de un explosiva inspiración especulativa y literaria como ha habido pocas en la historia de la cultura, fue concebida como introducción al Sistema de la Ciencia, como «ciencia de la experiencia de la conciencia» en su camino hasta el saber, pero acabó siendo una obra autónoma y completa que recoge y articula a su manera la totalidad de la filosofía de Hegel. Su autor la finalizó en 1806, bajo el tronar de los cañones de la batalla de Jena; y mientras Napoleón se ponía a la cabeza de la historia, la Fenomenología del espíritu exponía la historia de la conciencia humana en su devenir hasta el saber absoluto.

Una historia que es a la vez la historia del mundo y de la cultura, una génesis del sujeto moderno por la que desfilan las formas del conocimiento humano, así como la ciencia natural, la tragedia griega, la religión, la vida cortesana, la Ilustración, el Terror o el Romanticismo. Oscura a veces en su sentido, brillante siempre en su expresión y en su ejecución, salpicada de una punzante ironía, esta obra culmina la metafísica clásica y anticipa las visiones y conocimientos del mundo moderno: ha sido y es una fuente a la que retornan el marxismo y el psicoanálisis, la hermenéutica, la teoría crítica, el existencialismo o el pragmatismo.

ABADA EDITORES la presenta ahora en español, por primera vez en edición bilingüe, con una introducción y un aparato crítico de notas, glosarios e índices imprescindibles.

ANTONIO GÓMEZ RAMOS es profesor de Filosofía en la Universidad Carlos III de Madrid.Traductor y editor de Gadamer, Dilthey, Koselleck y Fredric Jameson, ha trabajadosobre hermenéutica, filosofía de la historia y filosofía contemporánea en general.Es autor, entre otros, de los libros Entre las líneas. Gadamer y la pertinencia de traducir(2000) y Reivindicación del centauro. Actualidad de la Filosofía de la historia (2004).






Congreso Internacional Hegel 2012: A 200 años de la Ciencia de la Lógica, se realizó los días 12, 13 y 14 de Septiembre en el Salón de Honor de la Casa Central de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

JUEVES 13 DE SEPTIEMBRE 2012
Sala V Centenario: Mesa 6

- Prof. Carlos Pérez Soto, Universidad ARCIS
- Dr. © Juan Ormeño, Universidad Diego Portales
- Modera: Dr. © Roberto Vargas, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
*Agradecemos a Leandro Ivan Silva Silva por el material

VER ONLINE MESA Nº6

Mesa 6 - Carlos Pérez y Juan Ormeño: Ver Parte 1 - Ver Parte 2 - Ver Parte 3


Su problema es Endógeno, escrito por Carlos Pérez Soto en Julio del 2012. Subido a Scribd el 12 de Agosto del 2012. Ilustración de Portada por Sicario Infernal. Carlos Pérez Soto es profesor de Estado en Física, hace clases en la Universidad Arcis, en la Portales, en la Universidad Andres Bello y en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile y en cualquier lugar que no exija estudios formales, de todo lo imaginable: desde Historia de la Danza hasta Teoría General del Derecho pasando por cursos de psicología, computación y jardinería además de los ramos filosóficos especialmente Hegel y Marx.



DATOS DEL LIBRO:

La Fenomenología del espíritu (Phänomenologie des Geistes en alemán) es una de las obras más importantes del filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Publicada en 1807, en ella se discuten problemáticas filosóficas anteriores al materialismo alemán, como son el ideal del absoluto, el espíritu humano como amor a la sabiduría en lo práctico, entre otros.

DATOS DEL CURSO:

Esta cátedra fue impartida por Carlos Pérez Soto, profesor de estado en Física, en el año 2007 en la Universidad ARCIS. El curso consiste en la revisión y discusión página por página del libro de la Fenomenología del espíritu. Deben tener en cuenta que este curso sigue vigente y todas las grabaciones del año 2007 abarcan solo hasta la sección conciencia del Libro. Si tengo la suerte de conseguir las grabaciones que siguen tengan por seguro que las estaré subiendo a Sicario Infernal, aun así este material es una excelente ayuda para poder ingresar a una obra tan grande como lo es la Fenomenología del Espíritu, y que de seguro a más de alguno le habrá causado dolores de cabeza.

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3 de diembre de 2010.[1]
Juan Ormeño K.

Como algunos de Uds. saben, hace cuatro años me tocó presentar la primera edición de este libro del Prof. Carlos Pérez Soto –en aquel entonces el primer libro que Carlos había dedicado exclusivamente a Hegel, pese haber hecho cursos y seminarios de lectura de las obras de este pensador alemán casi sin interrupción durante los últimos veinte años y pese a que sus otros trabajos (sobre la condición social de la Psicología, sobre filosofía de las ciencias, sobre una política marxista posible y sobre las ciencias sociales en general) habían revelado ya –y lo siguen haciendo- explícitamente, y una y otra vez, la influencia modélica que la filosofía hegeliana ha tenido en sus propias reflexiones. Eso, que reproduce con bastante exactitud lo que dije entonces, podría todavía decirse, de no ser porque esta segunda edición del mismo libro es, en realidad, la primera edición de un libro distinto: en esta oportunidad, el autor ha agregado tres capítulos nuevos que, desde mi punto de vista, contribuyen decisivamente a caracterizar distintivamente su interpretación de Hegel. Es un libro distinto, además, por razones ‘borgeanas’ –porque su autor ha devenido otro: por pequeño que haya podido ser el tiraje de la primera edición, el hecho de que otra casa editorial haya pensado que el libro merecía una segunda y ampliada edición, es una muestra de que –a pesar de seguir siendo el ‘único’ libro de Pérez consagrado a exponer su interpretación de la filosofía de Hegel- su autor se ha convertido en un pequeño clásico (lo digo con ironía, pero con amabilidad); estamos en presencia de un autor que no sólo tiene varias segundas ediciones, ¡tiene una segunda edición del libro en el que habla de un autor exótico y bastante poco popular! Ya sólo por esa razón, la comunidad filosófica hegeliana de Chile tendría motivos para celebrar. Hace más de veinticinco años tal comunidad no existía; había grupos de personas que leían la Fenomenología del Espíritu, cuyo mayor lazo de unión era haber sido alumnos del sacerdote jesuita Arturo Gaete –a los que pertenecimos Carlos y yo- y algunos otros de un poco más de antigua data –como el profesor Carlos Ruiz Sch.. Sin embargo, en los últimos veinticinco años ha llegado a haber una tal comunidad, en parte importante, gracias a la incesante labor pedagógica y literaria del propio profesor Pérez. Eso mismo, creo, hace de esta edición un libro distinto: gracias a esta comunidad en expansión, contamos ahora con lectores capacitados para acercarse al libro con ojos críticos.

Este libro es tanto un libro sobre Hegel, como un libro sobre la interpretación que Carlos Pérez Soto hace de él –es decir, sobre aquello que, en Hegel, Pérez ha encontrado fascinante, útil, ingenioso y verdadero. Por lo mismo, Sobre Hegel intenta presentarnos, por un lado, las ideas de Hegel, que son complejas, de un modo en el que estas ideas puedan parecer atractivas, claras y potentes, sin perder su complejidad, y, por otro lado, nos presentan parte del pensamiento del propio autor del libro, el modo en que él mismo cree situarse en la trama de interpretaciones que hay sobre Hegel.

El libro tiene 10 capítulos. El primero, “Los mitos”, se hace cargo de las múltiples etiquetas que los poco más de 100 años que van de la mitad del siglo XIX hasta un poco más allá de la mitad del siglo XX le colgaron a Hegel sin mayor fundamento que la ignorancia o el profundo desacuerdo político –haya sido con Hegel o con Marx. En este capítulo, Carlos Pérez “ajusta cuentas”, en particular, con la lectura que Adorno hace de Hegel. Como se sabe, Adorno acusa a Hegel de ser una suerte de panconceptualista: no habría en la filosofía de Hegel lugar para la diferencia ni para la verdadera particularidad, pues ambas serían, por así decirlo, devoradas por el concepto absoluto y por la pretensión de totalidad del sistema. Carlos Pérez niega ambos cargos, aunque cada uno de ellos por razones distintas, sosteniendo que Adorno no leyó a Hegel sino superficialmente –cosa que Carlos muestra citando a Adorno y a Hegel. Dicho sea de paso, este pasaje del libro coincide con lo que Carlos presentó en un congreso sobre Adorno en el Goethe-Institut, que levantó en su oportunidad muchas críticas, pero ninguna objeción a los argumentos –textuales- aportados por él. Claro que, como resultado de eso, cierto círculo académico no lo traga (cuestión que a Carlos lo tiene sin cuidado). Sin embargo, por mala o falsa que sea la interpretación que Adorno tiene de Hegel, esta apunta a una divergencia filosófica importante que trasciende tanto a nuestro autor como a Hegel mismo. La cuestión tiene que ver con el modo en que concebimos la noción de contenido en general: ¿es defendible la idea de un contenido no-conceptualmente mediado –es decir, no formado conceptualmente; algo así como un contenido sin forma alguna? O por el contrario, ¿debemos aceptar la idea de que a algún nivel fundamental nuestra experiencia está conformada por materiales totalmente aconceptuales? Quienes sostienen lo primero –llamémoslos, por comodidad, los conceptualistas- no son para nada un grupo homogéneo (yo agruparía entre ellos a un cierto Kant, a Hegel, a Frege, al segundo Wittgenstein por lo menos, a Sellars, a Davidson y a McDowell), mientras que entre quienes sostienen que no –los defensores del contenido no-conceptual- estarían otro grupo no-homogéneo (conformado por otro Kant, Heidegger, Adorno y una serie de naturalistas quineanos –de Willard van Orman Quine). Esta discusión, sin embargo, no forma parte del primer capítulo, aunque se trata de algo muy similar en el tercero, llamado apropiadamente “Sobre Kant”.

Pero me adelanto. Luego de haber mostrado que las etiquetas de “archirracionalista” o “archirromántico”, de “filósofo oficial del Estado Prusiano” o de “precursor del totalitarismo (conceptual y político)”, carecen de fundamento alguno, Carlos pasa a su segundo capítulo, llamado simplemente “Hegel”. Aquí se nos ofrece una semblanza biográfica del filósofo suabo en el contexto de su época –que es la de la Revolución Francesa y la de la Inglaterra de los inicios de la Revolución Industrial, la de la Independencia de América, la de las guerras napoleónicas y la restauración, la de Goethe, Schiller, Beethoven y Kant, Fichte, Schelling. Al terminar este capítulo, salimos convencidos de que Hegel, con todo, no era alguien tan malo –aunque Carlos se guarda de contarnos algunos otros datos de su biografía que muestran un cierto matiz mezquino (véase, por ejemplo, la ácida disputa con Fries). ¡Pero que tire la primera piedra el que esté libre de pecado! Sin embargo, en este capítulo se enuncia una de las tesis centrales del libro, que constituye el núcleo de la interpretación que Pérez hace de Hegel, Según Pérez, éste “es el primer filósofo que es capaz de pensar de manera consistente más allá del imaginario político y filosófico que enmarcan la Ilustración y el Romanticismo. Es el primer filósofo cuya lógica y cuyo horizonte de reflexión están claramente más allá de las dicotomías que caracterizan a la modernidad” (33). Así formulada, la tesis resulta un poco extraña, puesto que para evaluar positivamente el hecho de que alguien piense por sobre los límites del imaginario ilustrado y romántico o moderno en general se requiere, primero, conocer cuáles son esos límites; segundo, que sea posible rebasarlos y, tercero, que sea deseable hacerlo. La estrategia por medio de la cual Pérez pretende llenar de contenido semejante formulación y cumplir estos requerimientos es presentarnos a Kant y a la cultura científica y literaria de su tiempo, como quienes han explorado a fondo tales límites y han mostrado –muchas veces a su pesar-, la necesidad de ir más allá de ellos.

Y henos aquí en el ya anunciado tercer capítulo “Sobre Kant”. Por razones a las que he aludido al mencionar que Kant puede ser interpretado tanto como un “conceptualista” como también como un defensor de la idea de contenido no-conceptual, yo no comparto la caracterización que Carlos hace aquí del chino de Königsberg. Ofreceré, sin embargo, una reconstrucción breve de Kant que cumple, en parte, con el propósito al que el autor apunta en el libro.

Básicamente, Kant habría mostrado que la posibilidad del conocimiento empírico en general se halla sujeta a condiciones subjetivas que, como un todo, son epistémicamente independientes de la experiencia. Dicho de otro modo, es nuestra facultad de conocer la que “impone” a la experiencia aquella forma peculiar, sólo bajo la cual es posible que nuestros juicios sobre el mundo (o sobre nosotros mismos) puedan ser “objetivos” –es decir, puedan ser verdaderos o falsos. Así, el hecho de que el naturalismo científico asuma como entidades básicas los particulares (las cosas) que tienen propiedades (entidades que no alcanzan a ser cosas), que están situadas en el espacio y en el tiempo y se relacionan entre sí correspondientemente, no se debe a que la ciencia capte la estructura del mundo tal y como es en sí mismo, sino a que el mundo, tal y como puede ser experimentado por nosotros –esto es, que ya está sometido a esas condiciones subjetivas-, tiene esa estructura. Esta idea, la de que el conocimiento no se guía por los objetos, sino que estos deben conformarse a nuestro conocimiento[2] -el famoso giro copernicano- es la clave para la solución que Kant va a ofrecer a los problemas con los que choca el imaginario filosófico ilustrado (vgr. el escepticismo respecto del mundo externo, el subjetivismo epistemológico, el dogmatismo racionalista, etc.) Pero también constituye la consagración de problemas análogos: sólo podemos conocer el mundo tal y como lo experimentamos, como fenómeno, pero nunca como en sí mismo es (es decir, haciendo abstracción de las condiciones subjetivas ya mencionadas). Esto no sería mayormente problemático –al menos desde mi punto de vista-, si no fuese por la insistencia del propio Kant de reservar un espacio conceptual a la idea de noúmeno –el fundamento trascendental incognoscible de la realidad que experimentamos; algo que sólo podemos pensar y que, según Kant, debemos poder pensar, aún cuando contradiga toda nuestra experiencia. El resultado de esta insistencia es que tenemos sólo conocimiento de las formas de lo que es, pero no “conocimiento real de lo que es en verdad”.

Bueno, estos “objetos nouménicos”, meras ideas de la razón, son la libertad, la inmortalidad del alma y Dios. Prescindamos de la inmortalidad y de Dios y tratemos sólo la primera de estas ideas. El problema con la libertad (que Kant piensa como una relación causal originada espontáneamente, sin condiciones antecedentes), es que es incompatible con nuestra experiencia del mundo –es decir, no podemos experimentar nuestra libertad en nuestras acciones. Sin embargo, Kant cree que ese concepto de libertad es el único capaz de dar cuenta de nuestra conciencia moral, según la cual algo es una consideración moralmente relevante cuando sabemos que la acción según ella es, para nosotros, una obligación que tenemos que poder cumplir, aún cuando contradiga cualquier otra consideración racional relevante para nuestra acción en el mundo (vgr. la preocupación por nuestra propia felicidad o por nuestra preservación). La consecuencia de estos planteamientos permiten, de nuevo, ejemplificar los límites del imaginario ilustrado (y romántico) y la necesidad de su superación: por un lado, la idea kantiana de libertad muestra que el sentimentalismo moral de los ingleses y las pasiones desbordadas de los franceses, la felicidad de los antiguos y el honesto decoro de los modernos no son buenos candidatos para que el sujeto pueda ser el autor efectivo de sus actos; en todos esos casos, sigues la senda que otros han trazado para ti. Pero, por otro lado, esa misma idea pone en cada agente singular la dicotomía entre agencia racional y agencia prudencial, entre virtud y felicidad, de modo que el agente autónomo se da, él mismo, una ley sin poder nunca saber si su acción, orientada según ella, puede ser eficaz.

Supongamos que esto basta para mostrar cuáles son los límites del imaginario ilustrado y para darnos razones para querer superar esos límites.

Y es precisamente a partir del capítulo que sigue, “Las operaciones hegelianas”, que se despliega la interpretación específica que Carlos hace de Hegel, que recapitularé brevemente en forma de tesis:
1. Hegel habría radicalizado el idealismo de Kant al prescindir del concepto límite de ‘cosa en sí’ o de noúmeno, poniendo en su lugar una unidad, internamente diferenciada, de sujeto-objeto “que equivale ontológicamente a toda la realidad” (45).
2. Y habría generalizado esa dialéctica de sujeto-objeto a todas las categorías con las que discriminamos objetos en la experiencia (es decir, que dualidades como determinación-posibilidad, necesidad-contingencia, etc., son concebidas por él como traspasando la una en la otra).
3. Además, Hegel habría historizado esta fluidez de las categorías (las categorías de la razón, la propia razón, tienen una historia, de modo que el cambio conceptual no puede concebirse como la historia de un acercamiento progresivo a la verdad a través de ir desechando errores, sino que ese cambio constituye a la propia razón),
4. Hegel habría encarnado ese movimiento histórico de las categorías en la identidad dramática, trágicamente autoescindida, entre historia humana y Dios.

Naturalmente, cada una de estas tesis puede ser reinterpretada o simplemente rechazada, dependiendo de cómo se las interprete. Carlos sugiere que estas tesis implican nociones como la de pensar la realidad (el “Ser” lo llama él) como una pura actividad que se escinde en los extremos del sujeto y el objeto o la historia humana y Dios: concebir a la naturaleza como pura exteriorización de la historia humana o las categorías no como meros predicados o formas constitutivas de la experiencia, sino como descripciones de “los modos en que el ser mismo va resultando el ser que es” (46). Lo que hay, diría Carlos, es una totalidad, que no puede entenderse analíticamente desde sus partes, sino desde la unidad y la diferencia, al mismo tiempo, en que esta totalidad genera –sí, ella misma- sus propios componentes. Para pensar este tipo de relaciones contraintuitivas es que Hegel se habría visto obligado a plantear “una nueva lógica” –el título del siguiente capítulo. Lo que hace aquí Carlos es describir, de modo muy abstracto, lo que él cree que son las cuestiones más relevantes de la “lógica ontológica” de Hegel. Voy a citar uno de los ejemplos con los que quiere contraponer lo que la lógica de Hegel diría y lo que el sentido común (o los hábitos analíticos de la racionalidad moderna) diría:

“Una dificultad completamente análoga es la que se presenta en la relación entre las nociones comunes de “articulación” y “funcionar”. Para el pensar común algo que ya es puede funcionar (o no). No tenemos habitualmente dificultad alguna para pensar algo sin funcionamiento. Un reloj no deja de ser el reloj que es si está detenido, o incluso descompuesto. Y un gato muerto sigue siendo para nosotros un gato. Concebimos cada cosa como articulación entre partes preexistentes, exteriores entre sí y exteriores al hecho de si funcionan o no. Y concebimos un orden estricto de anterioridades entre estos términos: para que haya un todo es necesario previamente el ser de las partes que lo componen, y ese todo es a su vez estrictamente anterior al hecho de si funciona o no.
En la lógica hegeliana en cambio, es el “funcionar” el que hace el ser de algo: si no funciona no es. Un gato muerto (que no funciona) simplemente no es un gato. Y es el todo orgánico, en principio inanalizable, el que opera como fundamento de la posibilidad de sus partes. Un gato desarmado no es un gato” (62).

Con todo, este ejemplo –iluminador en muchos sentidos- todavía no nos responde la pregunta, a mi juicio, fundamental: ¿por qué deberíamos pensar según la lógica que Hegel plantea en lugar de hacerlo como lo habíamos hecho hasta ahora? ¿Por qué pensar en términos de totalidad, en vez de pensar en términos de partes? Para esto, Carlos da varias respuestas, algunas más satisfactorias que otras. Por ejemplo: si Ud. está interesado en la posibilidad efectiva de la libertad, en la reconciliación de la humanidad, entonces Ud. debería pensar hegelianamente. Pero ¿qué pasa si uno es un carajo y no está interesado en ninguna de esas cosas? Carlos sugiere que para empatizar con estas extrañas ideas, hay que leer la Fenomenología del espíritu (FE), sobre la cual versa el capítulo siguiente. Pero eso no resuelve el problema, porque simplemente sugiere que no hay buenas razones para pensar hegelianamente a menos que Ud. quiera (o lo “necesite”). Por razones ligadas a su hipótesis global de lectura y a lo que él considera que es la aproximación interpretativa apropiada, ambas expuestas en el capítulo siete, “Una lectura kantiana de Hegel”, Carlos no le da a la FE un papel deductivo –esto es, de justificación de la Lógica, de esa extraña manera de pensar, quedando así la adopción de esta nueva lógica como cuestión de cada uno, como una elección arbitraria. Y el último capítulo del libro, el “Prólogo a posteriori”, parece sugerir esto también. Pero Carlos también tiene otros argumentos, expuestos en los otros capítulos nuevos de este libro, los relativos a la filosofía de la naturaleza y la física moderna. Según él, tanto la teoría de la relatividad como la mecánica cuántica han superado, internamente, los límites característicos de la racionalidad moderna –el modo de pensar de la mecánica clásica- que ya habían sido superados, abstracta, filosóficamente, por el viejo Kant, al concebir la realidad de sus objetos como “actividades o relaciones puras” en lugar de partículas (cosas) que se relacionan causalmente. Si esto es correcto, entonces se podría decir que uno debe pensar hegelianamente para pensar al modo de la ciencia contemporánea. Yo creo que Carlos nos diría que esa ciencia que ha rebasado los límites de la racionalidad moderna no expresa sino la época que la hace posible, que es la misma que hace posible a la lógica hegeliana. Sin embargo, a mí me parece que esta justificación por la época –enormemente dependiente de un diagnóstico de época altamente controvertido, para realizar el cual es necesario tener, quizás, demasiadas confianzas poco fundadas- es circular (suena demasiado a: “En la época de la fragmentación radical...las identidades se disuelven, los vínculos se rompen”; “En la época en la que no hay grandes relatos...predominan los lazos sociales locales”).

En cualquier caso, el capítulo sobre la FE, sigue siendo –como lo sostuve cuando presenté esta “misma” obra- lo mejor del libro. Independientemente del peso que se le de a esa obra en el “sistema” de Hegel, y aún cuando no estuviéramos de acuerdo con las claves de lectura que Carlos nos propone para adentrarnos en ella, todo lo que Carlos efectivamente dice de la FE en su libro es sugerente y puede ayudar a cualquier lector –tanto al neófito, como al experimentado. Nótese, por ejemplo, esta estupenda caracterización de la conciencia y la autoconciencia:

“La conciencia en Hegel se parece más a un conjunto de acciones y de disposiciones a la acción, a un “comportarse frente a” que tiene la característica central de que son experimentadas como externas al objeto al que se abocan. Y, de manera correlativa, no entiende autoconciencia como “conciencia de sí” a la manera ilustrada, ni como apercepción según el modo kantiano sino, nuevamente, como un contexto de acciones, como un comportarse, que tiene esta vez el rasgo central de experimentar al objeto como suyo y propio, de reconocerlo como producido, como objetivación” (78).

Muchas cosas más podría decir de este estupendo libro. Podría, por ejemplo, estar de acuerdo con Carlos en lo importante que es la filosofía de la naturaleza para el proyecto filosófico de Hegel (y diferir de inmediato en las razones por las que él la considera importante); o bien recusar la petición de principio involucrada en que él se atribuya a sí mismo la interpretación hegeliana de Hegel y relegue a todas las otras (que sean filosóficamente interesantes, estén bien informadas, etc.) a ser lecturas “kantianas” o “formalistas”, etc.). Ante todo, sería para mí de mucho interés discutir con él su uso de la expresión “ontológico” en frases como “lógica ontológica”, usadas para caracterizar el proyecto. Pero nos superaría a todos hacer esto aquí. También quisiera discutir con Carlos el rol que él le atribuye, en su interpretación de Hegel, a las nociones de campo transindividual, autofinalidad, etc., que yo creo que no hacen el trabajo aclaratorio que él cree que hacen. En fin. Habrá, espero, otras ocasiones.

¡Muchas gracias, Carlos, por seguir poblando con ideas extravagantes y necesarias un panorama intelectual más bien vacío y gris!


[1] Texto leído en el lanzamiento del libro Sobre Hegel  (Lom Ediciones, 2010, segunda edición)  realizado el 3 de diembre de 2010 en dependencias de la librería Proyección.
[2] KrV, B XVI (Prólogo a la segunda edición).

El día viernes 03 de diciembre, a las 19:00 hrs, se realizará el lanzamiento del libro del profesor Carlos Pérez Soto “Sobre Hegel” 2ª Edición.

Lugar: Librería PROYECCION, San Francisco N°51, Santiago Centro (metros U. de Chile o Santa Lucia)

Este libro es:
a) una introducción a la figura, contexto histórico e ideas principales de Hegel, y
b) una revisión a sus dos libros principales: Ciencia de la Lógica y Fenomenología del Espíritu.

Pero además, este libro busca acercarse a Hegel tratando de barrer cierta mitología de la que aparece revestida su figura. Por un lado, se lo crítica por ser un archirracionalista (Deleuze, Foucault, etc.); por otro lado, por ser un extremo casi místico del Romanticismo (Russell y Popper). Pero Hegel es capaz de pensar más allá del imaginario político y filosófico que enmarcan la Ilustración y el Romanticismo, siendo, de este modo, el primero que permite pensar cabalmente de manera postmoderna. Es el primero que defiende, a la vez, la autonomía del ciudadano y la necesidad del sentimiento de comunidad.

Finalmente, el autor expone que su filosofía de la naturaleza puede ser conectada de manera sugerente y productiva con los avances de la ciencia del siglo XX.

En esta ocasión comentaran el libro:

- Juan Ormeño K.
- Carlos Ruiz Sch.

Pueden consultar el curriculum del autor y sus comentaristas:

http://wikibello.cl/P%C3%A9rez_Soto,_Carlos

http://wikibello.cl/Orme%C3%B1o_Karzulovic,_Juan

http://wikibello.cl/Ruiz_Schneider,_Carlos

Saludos.

REFERENCIAS:
huachoinfernal@gmail.com

“[…] Cuando arraiga la opinión del antagonismo entre lo verdadero y lo falso, dicha opinión suele esperar también, ante un sistema filosófico dado, o el asentimiento o la contradicción, viendo en cualquier declaración ante dicho sistema solamente lo uno o lo otro. No concibe la diversidad de los sistemas filosóficos como el desarrollo progresivo de la verdad, sino que sólo ve en la diversidad la contradicción. El capullo desaparece al abrirse la flor, y podría decirse que aquél es refutado por ésta; del mismo modo que el fruto hace aparecer la flor como un falso ser allí de la planta, mostrándose como la verdad de ésta en vez de aquélla. Estas formas no sólo se distinguen entre sí, sino que se eliminan las unas a las otras como incompatibles. Pero, en su fluir, constituyen al mismo tiempo otros tantos momentos de una unidad orgánica, en la que, lejos de contradecirse, son todos igualmente necesarios, y esta igual necesidad es cabalmente la que constituye la vida del todo. Pero la contradicción ante un sistema filosófico o bien, en parte, no suele concebirse a sí misma de este modo, o bien, en parte, la conciencia del que la aprehende no sabe, generalmente, liberarla o mantenerla libre de su unilateralidad, para ver bajo la figura de lo polémico y de lo aparentemente contradictorio momentos mutuamente necesarios.” (Hegel)


DATOS DEL CURSO:

Esta catedra paralela, sera impartida por Carlos Pérez Soto, profesor de estado en Física, todos los martés, a partir del 17 de Agosto, hasta el primer martés de Diciembre, en los siguiente horarios de 18:00 a 20:00 horas, en la escuela de filosofía de la UMCE, ex-pedagógico, José Pedro Alessandri #774, en el salón Manuel Atria ubicado en la escuela misma. La asistencia esta cátedra es libre, es decir puede venir quién quiera con tal de tener la ganas y el animo de participar.

GRABACIONES DE LAS CLASES (WAV):





- Hacia Hegel - Clase 5 - Qué rescató y qué criticó Hegel de Kant [28 de Septiembre]

- Hacia Hegel - Clase 6 - Algunas claves para introducirse a Hegel [5 de Octubre]

- Hacia Hegel - Clase 7 - Teleología, determinación y necesidad en Hegel [12 de Octubre]

- Hacia Hegel - Clase 8 - El Deseo (Empirismo - Freud - Lacan - Hegel) [19 de Octubre]

- Hacia Hegel - Clase 9 - Historia desde Hegel [26 de Octubre]

- Hacia Hegel - Clase 10 - Descripción General de la Fenomenología del Espíritu [2 de Noviembre]

- Hacia Hegel - Clase 11 - Descripción General de la Ciencia de la Lógica [9 de Noviembre]

- Hacia Hegel - Clase 12 - Enciclopedia Ciencias Filosóficas en compendio para su uso en clase [Final]

IMPORTANTE:

Las descargas serán actualizadas en la medida en que avanza el curso. Además las notificaciones de las actualizaciones serán informadas mediante el blog, pero no así para las personas que nos siguen vía mail (El sistema FeedBurner solo informa la publicación de una entrada, no los cambios realizados a estas).

MÁS MATERIAL DEL CURSO:

Los compañeros de la escuela de filosofía de la UMCE, ex-pedagógico, también se encuentran subiendo las grabaciones en formato MP3, además de material complementario. Visita el la siguiente página: CLICK AQUÍ
G.W.F. Hegel - Dialéctica Hegeliana


Fuente: www.doctormostaza.blogspot.com
Pavel Morales
Como ya hemos visto en el texto de la Fenomenología del Espíritu de Hegel, el Escepticismo dentro de la estructura lógica del pensamiento moderno juega un papel principal para la verdadera realización de la experiencia de la conciencia. Sin embargo el escepticismo producto de esta estructura del pensamiento moderno presenta dos lados de la moneda, por un lado una duda que permite el transito de la conciencia, mientras que por otro un obstáculo total, una verdadera muralla china de la experiencia. Es justamente en este segundo lado que nos enfocaremos en esta oportunidad, en la disolución Irónica de la conciencia que hace de la duda una Pura Nada, es el papel de la ironía lo que nos interesa analizar. “La ironía es, por una parte, la vanidad de todo los fáctico, ético y en si pleno de contenido, la nulidad de todo lo objetivo y en y para si valido[1], en éste caso se mantiene la subjetividad, pero como una subjetividad vana y solitaria, en el sentido que al momento que pareciese haber goce en la destrucción de la verdad transformada en pura nada el sujeto irónico necesita de algo a que aferrarse, algo tan firme como una pura “verdad objetiva”, y es justamente aquí donde esta figura, este elemento o este proceso entra en contradicción.
El irónico intenta resolver su contradicción patética: si goza del mundo y de sí mismo como momentos aislados, no se posee totalmente ni llega a la concentración reflexiva. La melancolía es, pues, su unidad defensiva, un consuelo contra cualquier tristeza que pueda invadir su conciencia. Por esta razón ironiza para salvaguardarse, burlándose de los otros, de la sociedad en que vive, de sus costumbres, y también de las desgracias, dichas y satisfacciones banales. La ironía impide que la subjetividad se frustre ante el espectáculo de las ruinas que contempla, y constituye un placer agudo que salva al melancólico de los dolores que se le aproximan como heridas permanentes. El irónico tiene conciencia de la gravedad de su estado melancólico inevitable. Cuando interroga, fingiendo ignorancia, y se complace en desvalorizar a los otros, es una forma disimulada de envidia.
Lo que vendría a plantear esta ironía es la negación o mejor dicho la autodestrucción de lo magnifico, de todo lo Que ES, pero bien este proceso podría ser relacionado directamente con la idea de movimiento que esta siempre presente en Hegel, ya que si esta ironía vendría a desmoronar la idea de lo que ES, tan solo faltaría un movimiento dialéctico a una DISOLUCIÓN DIALÉCTICA dentro del escepticismo que produce esta ironía para que la idea del transito se manifieste y la idea de verdad en vez de estar establecida (ES) seria remplazada por una en movimiento, la del SIENDO.
Es interesante ver como el papel del escepticismo y las dos disoluciones con respecto a lo “verdadero” se comienzan a inscribir en la lógica del pensamiento fenomenológico en el sentido de una negación de algo dado y dando el rol principal a una pura subjetividad, ésta como creadora de lo que le rodea.

[1] Hegel, Georg. “Lecciones de Estética” Barcelona: Península, 1989. Pagina 51
Pavel Morales
Hegel inicia la Introducción de su gran obra “La Fenomenología del Espíritu” criticando la lógica que tiene la cultura moderna, el racionamiento científico para acceder a lo que conocemos o concebimos como verdad Absoluta: Critica en gran medida que el modo para acceder a este conocimiento “absolutamente Verdadero” se encuentra determinado por un médium que seria el conocimiento que se presenta como aparentemente neutral, pero que en si mismo significa una verdad Relativa que deja en tensión y contradicción el absolutismo verdadero. Hegel vendría a proponer que el problema se encuentra en la estructura en sí y que ello nos significa una contradicción garrafal en nuestro propio entendimiento. ¿Cómo la verdad absoluta puede estar fijada por un medio que es verdad relativa?
Este problema en la estructura produce el surgimiento del Miedo a Errar, que para hegel significa algo tremendamente perjudicial, ya que justamente para que exista el desarrollo, o mejor dicho, el florecimiento de la autoconciencia es necesario que exista esta situación del errar, ya que es esto lo que permita que exista una verdadera experiencia de la conciencia, de no ser así solo existirá una acumulación, no una verdadera experiencia.
Aunque esta lógica del pensamiento moderno significa un obstáculo para la experiencia de la conciencia, surge algo interesante que es EL ESCEPTICISMO, el cual nace como consecuencia del problema de esta estructura de conocimiento de la verdad absoluta. Este escepticismo “se presenta de dos maneras diferentes” [1], una que se mantiene como un obstáculo para la autoconciencia y otra que en si significaría una experiencia: Me refiero a la Disolución Irónica y a la Disolución Dialéctica. La disolución irónica significaría que esa verdad es desechada y se deja enPURA NADA: “El Escepticismo que culmina en la abstracción de la nada o del vacío no puede, partiendo de aquí, ir más adelante, sino que tiene que esperar hasta ver si se presenta algo nuevo, para arrojarlo al mismo vacío” [2]. En cambio la disolución Dialéctica interpretaría esta PURA NADA comoNADA DETERMINADA, “Ello hace surgir inmediatamente una nueva forma” [3], es decir, no tira al vacío así como así esta verdad transformada en nada, la transforma en experiencia de su conciencia. Esta disolución Dialéctica permite la posibilidad del transito dentro del escepticismo lo que inscribe de manera clara a este momento como parte del proceso dialéctico. Debemos recordar que cuando hablamos de proceso dialéctico, o de dialéctica, siempre debemos pensar en movimiento, transito, y es justamente esto lo que permite el escepticismo, la duda, el transito de la conciencia.

[1] En realidad no es que existan dos maneras diferentes de Escepticismo, más bien significa una relación que para permitir una verdadera experiencia de la conciencia necesita un movimiento dialéctico que transforme la PURA NADA en NADA DETERMINADA.
[2] Hegel. “La Fenomenología del Espíritu” Pagina 55.
[3] Ibem.
Pavel Morales
Para comprender el pensamiento de Hegel, y como este aborda Teorías como la Dilectita o la conciencia y la autoconciencia, es necesario concebir una lógica que para el pensamiento moderno occidental puede parecer muy difícil de entender, debido a que se nos inculca una perspectiva distinta a lo largo de nuestras vidas, un racionamiento del tipo ABSTRACTO O DEL ENTENDIMIENTO, el de separar las Fijaciones determinadas, de una perspectiva estática de las cosas. Para Hegel esto no sucede así, el no habla en sus teorías de que algo ES, esta palabra como algo estático, sin movimiento, más bien se refiere a todo como SIENDO, movimiento, transformación, negación. En este sentido en la conciencia y autoconciencia no podemos entender un momento como después del otro, algo así como un paso de conciencia a autoconciencia, puesto que en la conciencia ya se haya autoconciencia, esta contenidas en la misma esencia. Podríamos decir en este ejemplo que “El pensamiento dialéctico seria como una flor que florece infinitamente sin poder alcanzar nunca su estado de plenitud, su etapa final, puesto que siempre se encuentra en movimiento”.
Para comprender un poco mejor esta idea, analizaremos la idea de la autoconciencia:
“En primer lugar, la Autoconciencia es el ser para sí” [1], y la primera vez que hay autoconciencia en el hombres es cuando dice YO, por lo que prácticamente podemos decir que todo hombre es ya un ser autoconciente (al menos desde que comienza a hablar), es un ser hecho a y por su deseo, el deseo de satisfacer el YO. “Es humano desear lo que desean los otros porque lo desean” [2]. La forma de satisfacer éste deseo es negando lo dado, “acción negadora, es decir transformar y asimilar” [3]. Por ejemplo si deseamos una manzana la comemos, negamos la manzana, la transformamos.
Es necesario satisfacer este deseo, ya que para que el hombre sea humano es necesario que haga cualquier cosa en nombre de su deseo, incluso arriesgar su vida. Pero dentro de esta idea lo complejo es que para la verdadera realización del deseo no se puede perder la vida, pero si se debe arriesgar.
El deseo no natural es el deseo de reconocimiento, es el deseo del deseo, el deseo de ser deseado; “quiero que él “reconozca” mi valor como su valor; quiero que él me “reconozca” como un valor autónomo” [4]. Es el desear ser amado.
Aquí podemos ver que el movimiento es fundamental, (acción negadora, transformar), vemos que en el hombre hay ya autoconciencia desde que comienza a hablar. La Autoconciencia y Conciencia están contenidas en una semilla la cual esta destinada a florecer eternamente.

[1] Alexandre Kojeve. “La Dialéctica del Amo y el Esclavo en Hegel”. Edición Fausto, Buenos Aires Argentina. Pagina 18.
[2] Ibem. Pagina 14.
[3] Ibem. Pagina 14.
[4] Ibem. Pagina 15.
Pavel Morales
Para poder introducirnos y entender el pensamiento Hegeliano, lo primero que debemos saber son los modos en que Hegel desarrolla éste pensamiento, es decir, debemos introducirnos en los Los Momentos del pensar con los cuales se esta construyendo la teoría, para así poder comprender ésta lógica, la lógica de la dialéctica y la negación.
Los Momentos del Pensar que abordan el sentido Hegeliano son tres; 1) Abstracto o del Entendimiento, 2) Dialéctico o Racional Negativo, y 3) Especulativo o Racional. Aunque también podríamos nombrar un cuarto momento, que en realidad es el que conecta estas tres etapas, ya que no podemos hablar de cada momento por separado, si no que mas bien, en algo así como que en el primero esta contenido ya el principio del segundo y el tercero, y en estos se reproduce la lógica del primero, o en otras palabras, estos momentos son un todo, un principio y un final contenidos en la misma lógica.
El primer momento, el Abstracto o del Entendimiento se caracteriza por la fijación de nuestras determinaciones, es decir, cuando lo que observamos lo vemos como algo independiente y autónomo, algo individual, que es lo que es gracias a si mismo. Por ejemplo podemos llevar este momento de pensar a una problemática que como futuros sociólogos nos será de mucha importancia, la de Individuo y Sociedad; si desarrolláramos este momento en este ejemplo seria que identificáramos al individuo como algo ya predeterminado, algo aparte de la sociedad y que por ende no necesitaría de ella para ser lo que es.
Luego el segundo momento es el Dialéctico o Racional Negativo en el cual se superan la fijación de nuestras determinaciones, cuando ya no vemos algo totalmente aparte de lo otro, si no más bien que relacionados. Continuando con el ejemplo anterior, sería cuando vemos al individuo siendo lo que es en relación a la sociedad.
Mientras que el tercer momento es el Especulativo o Racional, que es cuando existe una unidad de las determinaciones en oposición, cuando vemos que lo uno y lo otro en realidad no se encontraban ni separados, ni solamente con una simple relación, si no que finalmente dependían de si para ser lo que eran, estaban contenidos en esencia por un mismo ser, implicados en lo que son, en donde sabemos si eliminamos uno también eliminamos lo otro, ya que no puede ser lo que es sin lo otro. Siguiendo el ejemplo planteado, seria que sin sociedad no habría individuos, o al revés, sin individuos no habría sociedad, Existiría una coopertenencia de ambos.
Esta forma del pensamiento Hegeliano es una forma de interpretar el mundo totalmente distinto a la que se nos inculca a lo largo de nuestra formación, aquella concepción positivista de la vida, donde solo existen objetos dados. Más bien esta lógica nos vendría a dejar en evidencia lo que son en verdad las relaciones sociales, lo que la concepción capitalista de verdad esta aplicando: “De nada sirve al hombre la Lucha por matar a su adversario. Debe suprimirlo “Dialécticamente”. Es decir, debe dejarle la vida y la conciencia y destruir solo su autonomía. No debe suprimirlo sino en tanto que se le opone y actúa contra él. Dicho de otra manera, debe someterlo.” [1] Palabras más que precisas para hacernos ver nuestra verdadera condición, ya que mientras no actuemos contra esa lógica y pensamiento que nos suprime, no somos una amenaza, no actuamos en contra de eso, si no que simplemente nos encontramos sometidos.


[1] Hegel. “Alexandre Kojeve, La Dialéctica del Amo y del Esclavo en Hegel”, Ediciones Fausto. Pagina 23



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